Escribirte es complicado. Mas cuando has sido, eres y serás, pero sin pasado ni futuro. Ahora vienes, con tu tierna juventud. Me siento como aquel mago, pero no creo que seas mi redención. Al menos no ahora. Necesito sufrir y expiarme de pecados que no cometí para no volver a actuar con las virtudes que si.
¿O lo serás? ¿Aquella de antaño? ¿y de ayer? ¿y de hoy? Me veo absurdo hablando del tiempo, como si tal existiera, tanto como aquellos que creen y planean el futuro, como si el horizonte no empezara al abrir los ojos y contemplar, a escasos centímetros, en el suelo que jamás alcanzaremos al caer en el precipicio infinito, nuestro inicio ... Intentan ¿intentamos? contemplar el horizonte, vislumbrarlo cuando no son ¿somos? capaces ni de contemplar en donde estamos parados. Mejor ir sin rumbo. Mejor andar siempre perdido.
A veces me gustaría correr detrás de mis pensamientos. Sé que sería imposible alcanzarlos, pero me gustaría. Así podría saber la verdad que esconden, que se llevan y de la cual solo me dejan vagas estelas, que luego se convierten en otros pensamientos menores, hijos imprecisos y fugaces, que viven y mueren en la duda.
Te escribo a diario, con la tinta del silencio, color azul obscuro. Trato de terminar nuestro libro, pero cada vez que escribo la última página, aparece una mas. Intente arrancar tu ¿nuestra? historia infiel. Eso depende de los demás, lo cuál no me importa. Pero si me importas ¿importaste? tú. No me hagas caso. Fue tan bonito como efímero. Lamento no haberme despedido ni correr tras de ti. Sabia que llorarías, como luego me contaste, pero no quisiera adjudicarme esas lágrimas. Espero haberte hecho solo reír, y no llorar. Tienes mucho que aprender (aún mucho mas yo) y luego, quizá nuestra infidelidad a los ojos de los demás sea cosa santa, y a nuestros ojos, pecado, lo cuál será mejor. Es lo que le intente ¿te intenté? explicar.
¿Y ahora, entendiste el significado del cuento que te regalé? Quizá ahora si, ahí escribi nuestra historia antes de que siquiera empezara. Es curioso, en las arenas está escrito tu nombre, pero se dibujan los rostros, y se suceden, sin principio ni fin. Aparecen en la hora mas oscura, antes de que amanezca. Rezo a la soledad, para que me libre de la compañía, y a la libertad, para que me libre de las ataduras. Siempre me dijiste que te ataba, pero al final, el único prisionero era yo. Pero no tuyo, siempre fui prisionero de mi propia alma. No hay peor prisión que esa. No hay peor antagonista que la mitad de un alma partida ...
Ya no sé cuales son mis letras, que escribi, que pensé, que dije ... ¿que tengo ahora? retazos, solo retazos, de un libro con olor a viejo. Un libro como todos los demás, con una historia por dentro. Quizá la mayoría no se da cuenta, pero los libros son como la vida. Y como ella, no tiene pasado ni futuro, solo tiene el día de hoy. No importa en que página se abra, siempre estaremos en este momento. Puedo retroceder o avanzar de mi punto actual, pero siempre estaré en el mismo lugar: hoy y ahora.
Te sigo escribiendo, bajo la lluvia, pero las palabras no se borran, porque el papel mojado no es otro que mi propia piel. Simplemente esta historia no será nunca un recuerdo. No puede serlo. Siempre estará grabada en mi cuerpo, y como los libros, no tiene pasado, no tiene futuro. Esta escrita, aquí y ahora, se sigue escribiendo. Antaño me dijiste que perderías mi amistad. Ahora lo leo. ¿Por qué me lo vuelves a preguntar hoy? Sabes que ayer si, y hoy no. No vuelvas a preguntar ...a menos que seas mi redención.
El tiempo avanza en su mentira, en su irrealismo. ¿Nos dejamos atrapar en esa trampa? Quiero escapar y girar los relojes al revés. ¿Con qué voz me interrogaras hoy? ¿Con qué ojos me mirarás? ¿Con qué nombre te presentarás? ¿Te presentarás de nuevo con el nombre que no puedo pronunciar? Sabes, te vi hace unos días. Quizá tú también me viste. Y no pude decirte nada. No pude pronunciar tu nombre. Simplemente vi tu cabello castaño, tu caminar, ese caminar que conozco tan bien. Sin verte, te reconocí por detrás. Luego, a pocos pasos tuyos, pero siempre atrás, confirme tu persona. Y mis pensamientos se perdieron, se desequilibraron ... como el año pasado, cuando me viste de reojo con esa mirada que no necesitamos de palabras para entendernos ... o aquella sonrisa a distancia, ¿te acuerdas? Créeme, de verdad quisiera creer que fue solo una ilusión mía, un espejismo, pero lamentablemente no lo fue ...
Ahora, el heraldo del inevitable, del gran mentiroso, toca una melodía que traspasa la ciudad entera, en medio del silencio de la noche. Y continuo escribiendo. ¿Ya sabes a quien? ¿Ya sé a quien? ¿O aún no?